Análisis de la extorsión en México 1997 – 2013: Retos y oportunidades

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En México y la mayoría de los países de América Latina, cuando hablamos de extorsión nos referimos principalmente a tres modalidades:

  1. El engaño telefónico, que puede suceder cuando recibimos una llamada que nos informa que somos acreedores a un premio, condicionado al pago de alguna cantidad de dinero, a veces a través de tarjetas prepagadas de algún servicio;
  2. La amenaza telefónica, es aquella llamada a través de la cual intentan atemorizarnos para que paguemos cierta cantidad de dinero. En estos casos, el delincuente amedrenta mediante amenazas que no suelen ser reales y nos exige que paguemos una cantidad de dinero o de lo contrario nuestros familiares o nosotros mismos sufriremos un daño o seremos secuestrados;
  3. El derecho de piso, que es cuando los delincuentes se presentan directamente en el establecimiento o empresa para exigir cantidades periódicas y así garantizar la integridad física de la(s) víctima(s) y de la misma actividad comercial.

Estas manifestaciones de conducta delincuencial tienen implicaciones psicosociales y económicas diferentes: no es lo mismo que una madre de familia decida pagar al ser engañada 5,000 pesos porque cree que su hijo fue secuestrado (extorsión telefónica), a que el propietario de una miscelánea deba enfrentar por lo menos semanalmente el pago de derecho de piso. Además tampoco las respuestas individuales son las mismas, es más probable que una persona se sienta motivada a denunciar una extorsión telefónica que la exigencia del pago del derecho de piso.

 

Sin embargo, estos fenómenos delictivos coinciden en algo: vulneran la percepción de seguridad social y bienestar de las personas e inhiben la inversión formal principalmente de pequeños y medianos empresarios. Asimismo, dichas conductas ilícitas afectan o ponen en riesgo el desarrollo económico regional y nacional.